8.7.08

nota del editor

las dos entradas anteriores formarán un cuento nuevo, más adelante les muestro lo que queda, iré posteando borradores, y después el cuento terminado, me divierte!

comienzo del aprendizaje

A veces no puedo creerme las cosas escritas en tercera persona, siempre pensé: cómo puede alguien saber lo que siente otro? Lo que piensa… lo que imagina…

Pero lo sé. Siempre lo sé… hay un momento en que lo siento… y se siente tan fuerte que no puedo no darme cuenta… entonces lo escribo.

Cómo sé lo que siente él?

Cómo sé lo que siente ella?

Ellas llevan algo de mi, pero solo algo… cosas de otras… las mujeres nos parecemos, no solo genéticamente, también en la forma de sentir, a veces pienso que también es genético.

Digo, pienso. La naturaleza nos hizo para procrear, para la elección del mejor macho para padre de nuestras crías… a los hombres para perpetuar la especie, desparramar la mayor cantidad de semen en varias hembras y así asegurarse la continuidad…

Cuando nos hacemos las vivas tratando de ponernos en el mismo lugar que ellos siempre sale mal, porque sentimos diferente.

Solo con eso podría explicar infinidad de cuernos y llantos femeninos e historias de desencuentros y tantos “nos hablamos”.

Algunos pueden creer que es una crítica a los hombres, pero en realidad es una defensa.

Así se entiende, las mujeres buscamos formas de poder entenderlos, constantemente… con esta teoría me conformo casi siempre.

Las mujeres soy yo, siempre soy yo, estoy en todas las mujeres…

Y bueno, soy la que escribe y así se me canta…

Y este torbellino al que estuve siempre subida, como si fuera la calesita, a veces para… y cambia la música y otras veces me saco la sortija, pero nunca me bajo…

Y me pierdo… porque hay que perderse y encontrar lo nuevo.