20.7.09

LOS JUEVES (continuación de un cuento que empezó una amiga y sigue otra)

(empieza acá)




Los jueves Juan sale con sus amigos. Beben.

Ese jueves entró en silencio al cuarto de Lila y se desnudó. Se dio cuenta de que tenía que hacer pis y fue lo único que hizo en el baño. Volvió al cuarto. La imagen de una de las piernas largas de ella asomando por el costado del acolchado iluminada por las luces de la calle lo conmovió. Le acarició esa pierna muy despacio porque sabía que así le gustaba, solo la pierna, con los dedos temblorosos, el pié. Nada más que esa parte. Juan la conoce y eso es lo bueno de los años que llevan juntos. Lila comenzó a despertarse, pero no del todo. El sueño erótico la empapó muy rápido. Le gustó, sacó afuera la otra pierna. Juan acarició entonces sus dos piernas y sus pies. Sabía que Lila quería más pero él se lo iba a dar cuando fuera el momento oportuno. A pesar de la borrachera se acordó de la primera vez juntos. Muy despacio se fue armando la escena que él quería. Besó todo su cuerpo menos la boca. Lila se sacó la ropa muy rápido. Se tocaba. Tuvieron la mejor noche de amor en años. En medio de los sueños todo funcionó mejor. Durmieron juntos abrazados como en los primeros tiempos.

Al otro día Lila se levantó malhumorada por el aroma a bar que reinaba a su alrededor pero no dijo nada. Se bañó y se fue a trabajar contenta. Juan se quedó un rato más oliendo las sábanas de la noche anterior. Sonreía.

El jueves siguiente Juan llegó más temprano, quiso repetir la película, despacio fue repitiendo todo paso a paso. Ella estaba tapada y todavía despierta, aunque se hacía la dormida. Juan se desnudó otra vez a su lado en silencio, pero ella lo olió y escuchó que no se había bañado. El metió una mano por debajo del acolchado hasta llegar a su pierna. Lila quería, pero tenía bronca, le daba rabia que él no respetara el baño previo, no le molestaba tanto su olor sino el hecho de transgredir las reglas, eso era lo que la rebelaba y se acurrucó hacia el otro lado. Juan insistió. Pero Lila estaba despierta.

Salí pibe.

¿Qué pasa mi amor? – dijo Juan mientras trataba de controlar el peso de sus, manos para que no se le notara la calentura.

Detesto que estés borracho, sabés que odio ese olor.

Dale.

¿Adónde fuiste? ¿con quién? ¿por qué venís siempre caliente?

Porque vengo pensando en vos nena, me matás. – dijo él. Ella lo pateó.

No seas mala.

Vos sos malo, no te importa nada, salí, andá a tu cama.

Juan la miró y se quedó quieto en silencio. Lila para el otro lado acurrucada, enojada. No dijo nada, solo se acomodó para dormir. Juan volvió a intentar. No la entendió, nunca la va a entender.

¿Te está por venir? – preguntó, inconsciente de lo que decía.

Lila estalló en llanto y lo pateó hasta tirarlo de la cama.

Cada día estás más loca nena. Sos una histérica ¿qué te pasa?

Claro, yo soy una histérica, todo me pasa por las hormonas según vos. ¿No te das cuenta que apestás?

¿Qué olor tenía cuando nos conocimos? ¿eh? ¿no ves que no te das cuenta de nada? ¡sos cínica!

¿Yo cínica? Vos sos un egoísta. Solo te importa lo que querés vos, a mi que me parta un rayo.

Ok Lila, me voy pero te vas a arrepentir de esto…

¡Dale amenazame!

No es una amenaza te lo digo en serio, me tenés harto…

Se hizo un silencio largo. Lila lloraba acurrucada. Juan desnudo la miraba desde la puerta. Se fue y dejó toda la ropa tirada en el cuarto de ella.




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