10.11.09

putita

Se pone tacos y medias rojas con ligas, va a la oficina del amante de cuarentaicinco. En el subte le miran las piernas, las tiene buenas. Se siente un poco incómoda con tacos, ligas y tanguita. Todo junto la hace sentirse muy puta. Ese es el juego. Se calienta. Algunos lo entienden, otros no. Ella sabe jugar ahora. Tiene la inocencia guardada en algún lado, pero no la muestra. Lo único bueno de la edad es la experiencia. Está buena y sabe de todo.

La semana pasada fue el de veintisiete. Vino la mañana del viernes porque ella no trabajaba. El se escapó del laburo. Un turno. Suficiente. A las dos horas renovaba el registro de conducir en el CGP. La foto le recordará el día. Mientras viaja en el subte relee los mensajes de texto.

“jaja, te gustó eh? Putita” le dice el de veintisiete respondiendo al suyo. Se ríe sola.

Llega al departamento que funciona como oficina, ya se fueron todos los empleados pero las pantallas de las mac siguen encendidas. El la mira y sonríe. Hace mucho que no se ven. La alza, la toca. Se besan desesperados, se ríen.

–No te pusiste las botas.

–Si me querés tan puta comprame un par.

Se besan. Se huelen. Hace veinte años que se conocen ya. Los cuerpos se adivinan.

El sexo con él nunca fue el mejor, pero se calientan tanto… Los años que comparten junto con las historias remiten al amor. El la quiere ver arder. A ella no le cuesta nada, el viaje en subte hizo lo suyo. El hace café. Ella se toma su tiempo.

El le abre la blusa, ella se ríe. Atardece con lluvia y Buenos Aires se ve ahora desde el piso veintidós hasta el río. El es apurado, ella lo toca despacio. No se desnudan. A él le gusta vestida. El gusto conocido de la piel del otro. Cogen. Se conocen tanto…

Toman café. Media hora después, volviendo en subte ella le manda el mismo mensaje de texto que al de veintisiete. “Qué rica pija tenés”.