26.2.20

DEMONIOS








Hay una hora del día en la que me visitan los demonios.
El amanecer es siempre prometedor, valiente, lleno de esperanzas.
La hora endemoniada se produce entre las siete y las ocho de la noche, cuando se pone el sol y se enciende el alumbrado público.
A esa hora miro el mar plateado desde el balcón, el encanto del mar me distrae. Neptuno me seduce, me hipnotiza y me cuelgo alucinando seres que habitan lo profundo, el fondo.
Ahí aparecen los demonios que me agarran distraída siempre. Se meten en mi cabeza, se meten adentro mío por todas partes. Apelan a las heridas que todavía no cicatrizaron y me tocan ahí, para hacerme doler, no tienen otro objetivo más que el de recordarme el dolor, hacerme volver al lugar que duele.
Si me agarran haciendo algo no pueden entrar. Pero llegan siempre por sorpresa en el balcón mientras miro el mar. Distraída, indefensa. Los reconozco cuando me empieza a doler el estómago y aparece la ansiedad, entonces sé que se están acercando.
Ya es tarde. Llegaron.
La novela que trato de escribir se hace amiga de ellos me angustia, me hace llorar y quedo como una nena chiquita en posición fetal, asustada por monstruos.
Así, día tras día se repite la visita de los demonios que por alguna razón siempre llegan a esa hora. Cuando logro espantarlos a veces quedo tan cansada que solo puedo dormir y me olvido de comer.
Hoy voy a ver si puedo estar alerta y ocupada para no dejarlos entrar o ponerles una trampa para inmovilizarlos. Si estoy atenta quizás pueda combatirlos.
Si me distraigo se me meten en el cuerpo con la ansiedad y la taquicardia, justo sucede cuando intento soltar el control. Si llegan a ese punto ya es tarde para combatir, solo puedo entregarme.
No es tarea fácil. No hay meditación ni oración que alcance. Me violan disfrazados de alguien que me gusta. No es uno solo, son muchos oscuros, que se transforman en el que me gusta para dejarme sin defensas.
El otro día tomé una caipiriña en la playa y me reí tanto que no pudieron entrar. La risa es buena para ahuyentarlos. Debería poder burlarme de ellos y reírme. No me creo capaz, son fuertes, cabezas de cabras y ojos que dan miedo. Me atacan en manada, me rodean y yo ahí sola.
Es muy duro estar siempre alerta. Aparecen justo cuando me distraigo y se apoderan de mi cabeza y de mi cuerpo, aprovechando mis rincones oscuros y mis heridas. Adueñándose de mí.
Alguna vez se espantaron con música, esa que no me gusta, porque si me gusta tienen el acceso más fácil. Se derriten los relojes y de repente es medianoche cuando no podés más y caes desmayada.
Solo me queda tomarme una pastilla para salir de ese agujero donde me dejan atada de pies y manos, herida y sola.
Siempre entre las siete y las ocho, cuando se puso el sol, cuando vuelan golondrinas. Esa podría ser una alerta, pero me agarran distraída.
Imposible el control. Cuando soltás quedás a merced de ellos. No es un juego limpio. Solo vienen a minar tu autoestima y destrozarte. no se puede dialogar. No les importa lo que tengas que decirles. Vienen a lo suyo. A aplastarte como a una cucaracha.
Suerte que puedo contar esto antes de que lo logren por completo.
El día y el sol me devuelven el poder sobre mí, es otra cosa. Estoy en paz.
El momento es el crepúsculo.
A esa hora es cuando mis pensamientos se convierten en demonios.

17.1.20

TERAPIA INTENSIVA



TERAPIA INTENSIVA

Me despierto 7 AM.
La vida me pone en alerta a esa hora, hace ya dos meses que es así. Me despierto sola, sin reloj.
Mis viejos vivían en una casa debajo de la mía, mi papá 97 y mi mamá 88. Siempre mi vieja hizo  las cosas de la casa pero tres meses atrás un día se cayó en el baño y se fracturó el tabique, así que con dificultades, porque ella no quería, logramos poner una señora durante el día que se ocupara de mi papá. Eso le dijimos a mi mamá, porque ella podía todo. Otra venía a dormir y los cuidaba a los dos por la noche.
Un día bajo a saludarlos y mi mamá hablaba mal, pero no se daba cuenta, se había atragantado con arroz con leche. Como en mi vida trabajé de muchas cosas, una de tantas fue operadora de emergencias en una prepaga, las que atienden el teléfono. Para lo cual tuve que estudiarme un protocolo y entre lo que me acuerdo estaba este síntoma de hablar mal. Llamé a la emergencia, tardaron una hora, cuando llegaron la medicaron para la presión alta, se querían ir, les expliqué que mi mamá no hablaba así, que era raro, quería que la vieran en una guardia. Esperamos otra hora hasta que consiguieron una cama en la Clínica del sol. Me fui en la ambulancia con mi mamá sentadita, le presté mis guantes de lana porque tenía frío en las manos, cuando llegamos allá llegó mi hermana y se quedó a dormir ahí. El día anterior había habido un eclipse de sol.
Le hicieron estudios durante tres días, todo estaba normal salvo pequeñas isquemias típicas de la edad. El 6 de Julio mi papá cumplía 97 y fue a visitarla. Le darían el alta al día siguiente, pero esa noche se atragantó comiendo ravioles y la llevaron a terapia intensiva.
De ahí nunca más salió.
Lo cotidiano es estar alerta. Desayuno mate y fumo en la mesa de la cocina con la ventana abierta, me cago de frío, veo las plantas que me piden auxilio hace mucho. No tengo tiempo para atender plantas. Ahora atiendo personas.
Me tiro el tarot por youtube, así mi cabeza sale del rulo de la ansiedad. Todos mis días empiezan así, Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábados y Domingos. Son todos iguales. Mate y cigarrillo, no puedo comer.
La terapia intensiva no tiene francos, ni feriados ni domingos. La vida se convierte en una terapia intensiva. Esas dos palabras ya se escriben solas en mi teléfono.
El dolor y el miedo de los primeros días ya se transformó. Mutó en cansancio físico y mental.
Bajo a la casa de mi papá para hacerle el desayuno. Surfeo la angustia frente a él, hablo de otra cosa, los dos pensamos lo mismo pero siempre hablamos de otras cosas. A las once llega la señora que se encarga de cuidarlo. Entonces ahí activo un poco mi casa. A las doce y cuarto me tengo que ir a la clínica del sol, cuarto piso box 404. Dos visitas diarias. Una a las 13hs y otra a las 19. Viajo en el 41 hasta el parque Las Heras, cruzo el parque, camino por el pasto, siempre con los auriculares. Este parque está lleno de recuerdos pero a partir de ahora me recordará siempre esta temporada intensiva. Llevo mucho abrigo que apenas entro en la clínica tengo que sacarme. Saludo a los de seguridad que ya me conocen porque son los encargados de echarnos cuando se termina el horario de visitas. Trato de sonreírles pensando que tal vez Dios se apiada de la vida de mi madre. Voy al baño de la planta baja porque es más grande y cómodo, frente a la capillita. Lleno mi botella de agua en un dispenser que hay ahí. Subo en el ascensor los cuatro pisos y el espejo me dice cada día lo que muestra mi cara. Ese espejo me mira a mí.
Llego arriba. A veces lleno de gente y a veces vacío. Dispenser de alcohol líquido que más de una vez se me metió en los ojos, además de limpiarme las manos limpio el celular entero. Algunos días la gente habla muy fuerte. Siempre llego temprano al mediodía porque a las 14hs tengo que entrar a trabajar, donde cuido a un niño de dos años y medio.
Siempre cambian las caras de la sala de espera, sillones azules muy cómodos. La gente no dura mucho en terapia intensiva, a esta altura creo que mi mamá es la que más tiempo lleva. Siempre hay gente nueva que pregunta cosas. Yo ya no lloro pero es un lugar bastante triste la sala de espera. Todos tenemos miedo, todos los miedos se juntan en este lugar. Estamos cerca de la muerte. Para mí la muerte es una liberación del cuerpo, pero la gente le tiene miedo. Hace mucho calor en toda la clínica y el olor del alcohol se me queda para siempre en la memoria emotiva. Es ahí, es ese lugar con sillones azules. Cada vez que se abre la puerta de la terapia miramos todos en sincronía para allá. Algunos días tardan tanto en dejarnos entrar que se hace la hora de irse.
Mi hermana llora siempre, yo creo que no quiero que mi mamá me vea llorando aunque igual no me ve, pero seguro que siente o escucha. Eso nadie lo sabe, ni los médicos lo saben. Estado vegetativo dicen como si alguna vez hubieran estado ahí. Mi hermana todavía tiene esperanzas, yo no. En algún momento un enfermero nos abre la puerta y nos hace pasar a todos, el dispenser de alcohol está antes de entrar, pero apenas pasás esa puerta hay otro, así que yo entro y uso ese porque en el de afuera se hace una cola de gente.
Entramos. Mamá está siempre acomodada en diferentes posiciones, de costado o boca arriba.
-Hola ma, hola mamita.
Y todavía me estremezco. Ritual de masajes en brazos manos, piernas pies, uñas. Dedo por dedo, manos y pies con crema. La peinamos. Miramos los aparatos que la rodean porque ya entendemos algo de lo que dicen esos números y letritas que rodean la cama. Le contamos lo que hacemos, lo que hicimos. Ponemos perfume a las sábanas. Las enfermeras hablan de sus cosas. Una vez que le pusimos música clásica se pusieron a bailar y a hacer chistes. Mi hermana le imprimió unas fotos de toda la familia que pegó con cinta adhesiva en la pared frente a su cama por si se despierta, así nos ve. También escribió Cachita con marcador rosa para que cada médico o enfermero sepan cómo llamarla, no es su nombre, se llama Stella Maris pero siempre le dijeron Cachita. Mi hermana le habla fuerte y llora, le digo que no llore delante de ella porque nosotras la tenemos que sostener. No me hace caso, no puede y quiere llorar. Se enoja con los médicos. Le dice a mi mamá que se despierte que estamos ahí. Cuando ella se va yo le digo a mi mamá que se vaya a Taormina, a caminar por la playa que tanto le gustaba, que no tenga miedo, que ella es fuerte, que se vaya tranquila, que deje ese cuerpo que ya no sirve, que sea libre.
Siento que sostengo todo el tiempo. Sostengo a mi mamá, a mi hermana a mi papá y a mi hija. También a los que preguntan por wasap.
Sostener se me volvió una tarea cotidiana. No me da descanso el sostener, hasta dormida sostengo en los sueños. La rutina es sostener.
Sostener y llorar sola.
Aunque llore no hay alivio. El alivio ya no existe. El olor del alcohol es el vector directo a ese momento. Al final de la visita viene el médico de turno a pasarnos un parte, a veces viene el jefe de la terapia. Me voy corriendo por Coronel Díaz a tomar el 93 que nunca viene, voy a trabajar, mi trabajo también es cuidar pero de un niño, una vida pequeña que crece. Algunas veces él me sostiene a mí, jugamos y vamos a la plaza y merendamos cantando y me olvido, me aliviana el peso de sostener. Él es liviano.
Salgo corriendo a las 18.30 para llegar otra vez a la terapia a las 19hs y el 93 tarda mil años. Vuelvo a correr a través del parque Las Heras, ahora ya es de noche y corro cuesta arriba con música en los oídos. A esta hora paso rápido por el baño de abajo porque siempre llego medio tarde. Saludo a los de seguridad que ya son otros pero igual me conocen y vuelvo a verme en el espejo del ascensor. Otra vez lavo mis manos con el alcohol líquido de la entrada de la terapia y vuelvo a limpiar entero el celular. Los médicos de las terapias intensivas son diferentes del resto, siempre tienen esperanzas porque dicen que sino no podrían trabajar ahí. El neurólogo ya nos dijo que el electroencefalograma era casi plano, nos mostró un montón de hojas con los dibujos, especialmente a mi hermana, dijo, porque necesita ver. Aunque después de ese electro mi mamá se despertó y estuvo dos días en terapia intermedia. El neurólogo no lo podía creer, nadie lo podía creer. Ya no era mi mamá igual, hablaba huevadas y no tenía miedo. Por eso digo que no era más ella. Si algo la caracterizaba era el miedo. Siempre tuvo miedo de que le pasara justo lo que le pasó. En esos dos días de intermedia teníamos que darle de comer y fue después de una cena que le di, como a los niños que cuido, me dijo que tenía una angustia en el pecho, pensé que se había dado cuenta de lo grave de todo y que iba a tener miedo otra vez, pero no, le agarró una tos incontrolable hasta que vinieron los médicos otra vez y el respirador y la sedación y otra vez a la terapia intensiva.
Volver a la noche en el subte era triste, con mi hermana llorando casi siempre, odiando a los músicos, a los vendedores y a los que te quieren hacer reír. Atravesábamos el shopping Alto Palermo porque hacía frío o llovía. Estación Bulnes. Empecé a ver videos de biodecodificación, aprendí a sacarle el significado a las cosas. Aprendo a soltar, no me enfermo, no contagio. Escondo la angustia cuando llego y mi papá está esperando noticias, trato de sonreír, miento que está mejor conteniendo el llanto en los ojos, por suerte no ve bien. Contengo hasta que salgo de su casa y no aguanto más pienso, pero aguanto porque mañana es igual y me despierto sin despertador y le hago el desayuno y sostengo, puedo.
Sigo sosteniendo, puedo. Creo que no puedo más y puedo. Sostengo.
Aprendo el verdadero significado de un día a la vez. Por hoy sostengo, por hoy puedo. Aunque se me cierre el estómago y se me caigan los pantalones de lo flaca que estoy, puedo por hoy seguir sosteniendo.
Mamá, acá estoy.

1.6.19

El

Atrás de la risa algo escondido casi siempre.
Los gemidos salen de mi cuerpo y los escucho como si fueran de otra persona, no parecen salir de mi boca.Unas manos me recorren el cuerpo y me despiertan como si estuviera soñando, pero no estoy soñando me estoy despertando. El mejor de los amaneceres, despertar de caricias calientes.
Ya hay luz afuera aunque esta nublado. Los cuerpos funcionan solos sin conciencia, es apenas instinto animal y ellos deciden los pasos a seguir. Los cuerpos se ondulan y se tensan en perfecta sincronicidad. Las respiraciones se apuran sin remedio. El intercambio de saliva, finalmente el punto de encuentro.
Acontece el primer milagro, mi cuerpo que recibe a otro cuerpo y se siente tan bien. Se atraviesan paredes, se abren puertas y ventanas. El aroma es el mejor, insuperable. El gusto del sudor.
El equilibrismo es humano, el balanceo también. la extensión de la piel que en ocasiones parece infinita ahora casi no alcanza para abarcar el deseo. Los extremos no alcanzan.
No se que quiere mi cuerpo, funciona sin mi permiso hasta recibir el fluido sagrado, el principio de la vida. En los tiempos que corren también podría llamarse el principio de la muerte.

1.7.13

LOS MONSTRUOS EXISTEN.




Cuando estaba de novia con el padre de mi hija él trabajaba en “La Nave Jungla”, era el encargado y había una chica en la barra que siempre le hablaba al oído, a mi me ponía muy nerviosa. Hasta escribí un cuento sobre eso. Mi fantasía más macabra que era entrar al boliche y verlo besándola. Lo que más podía dolerme en el mundo, me acuerdo. La traición. A él también le daba celos verme bailar con otros, a mi me gusta tanto bailar. Decidimos que yo me iba al CODO y él cuando salía de La Nave venía a casa. Nunca se cumplió esa fantasía, por suerte. Estábamos muy enamorados.

Pasó el tiempo, dieciséis años pasaron de esa historia.

Hace dos meses, después de un largo tiempo de que nadie me gustara, puse mis ojos en uno que trabaja en la puerta de un lugar al que a veces voy. Mucho tiempo que nadie me despertaba algún deseo. Me gustó y me daba bola pero tiene novia, me dice alguien, ok. Por un tiempo no le doy bola, pero él si me decía cosas todo el tiempo. Un día dije basta y me quedé a su lado hasta que me besó, mucho me besó, tanto que me alcanzó, no quería coger en el auto con los besos era suficiente.

La siguiente vez que nos encontramos me acompaña al auto, me besa mucho contra una pared en la vereda y me quiere coger en el auto, otra vez le digo que no, a mi no me hace falta coger ahí, tengo una casa, llamame y vení un día si querés. Pero él vive en la casa de su mujer.

Un par de semanas después llego al bar, son las tres de la mañana porque vengo de cuidar un niño, soy baby sitter. El chico me besa en la boca delante de todos, me agarra en la pista y me besa contra una pared como loco, desesperado, me quiere coger en el baño, entramos pero yo no quiero ahí. Le digo que lo espero y que vayamos a mi casa cuando termine, no quiere, dice que no sabe a qué hora sale. Yo en el baño no quiero. Viene a casa esa noche y por fin lo hacemos, mucho deseo. Estuvo bien al menos para mí la primera vez nunca es la mejor.

Después de unas semanas me lo vuelvo a y apenas me saluda y no me da bola. ¿Qué pasó con toda esa adrenalina?  Se le pasó, se sacó las ganas con una vez. A mi con una vez me vienen las ganas, las mujeres somos así.

Bailo como una loca, porque me gusta, para mi bailar es mejor que coger. Siempre fue así. Charlamos un rato de boludeces, compartimos un vino. En un momento que me alejo se le acerca una gorda que toda la noche lo estuvo mirando y se besan. Se tocan.

Qué dolor, me salen las lágrimas, no quiero llorar pero me duele y no puedo evitar el llanto.

Y lo primero que viene a mi mente es aquella fantasía macabra del pasado que vuelve a mi cuerpo como un embrujo, la sensación de sentirme traicionada, verlo adelante mío besando a otra, aunque no me importe él, aunque no lo ame. El ego se me vuelve chiquitito y me quiero ir corriendo, pero está en la puerta besándose con ella. Me da mucha vergüenza, no quiero llorar, entonces bailo otra vez mientras lloro bailo para sacarme el demonio de adentro hasta que me voy, él me agarra la mano y abre, no me acuerdo si me saludó, ya no importa. Lo importante es mi dolor que me devuelve a la caparazón otra vez. Cruzo corriendo hasta mi auto y me voy llorando y me duermo llorando y me despierto llorando. Es mi dolor, mi fantasía antigua de monstruos que de repente se volvió realidad.

25.3.13

¿Alcanzan los besos?



Los besos me ponen a funcionar el cuerpo. A mi me alcanzan como cuando era vírgen. Siempre digo que bailar me gusta tanto como coger, a veces más porque no hay decepciones. Todo cambia día a día sin que me dé cuenta. Lo que antes era amor… y me viene a la cabeza el tema de Sumo. Mientras él me besa apasionado, comiéndome la boca. El tiempo pasa nos vamos poniendo tecnos. Pero el pelado se murió mucho antes de llegar a los cuarenta. No sabía que de repente hay una edad en la que volvés a sentir como adolecente. Tuvo una visión bastante clara pero se fue antes de llegar.

Yo te digo que si me besa alguien que me gusta me alcanza, me delira. Solo eso me alcanza para revivir, soy yo. No sé si les pasa a todas las mujeres, antes me lo preguntaba. Ya no me importa. Soy yo.

Y esa sensación de “antes de” de preparación. Esa previa, ya no es “la previa” es solo eso, comunicación.

Besame besame besame! Da la vuelta y besame. Entonces cuando él quiere hurgar en mi cuerpo yo no quiero más, porque tiene compromisos anteriores, porque no me quiero enrrollar más, porque me alcanza con los besos.



30.12.12

salir sola



Salgo. Noche de verano. Fiesta con terraza. Salgo y me digo “quiero coger”. Llevo profilácticos como cuando era pendeja.
Me perfumo, me gusto. Apenas me pinto, hace calor.
Las plataformas me hacen ver como alguien que no soy, alta. shortcito de jean y musculosa blanca.
No hay demasiada gente en la fiesta. Unos pendejos tocan algo de rock.
Tomo caipirinha. Charlo con gente que no conozco, mujeres, hombres. Todos quieren coger.
Un tipo de unos cuarenta se me pone a hablar y me pregunta si me gustan los tipos grandes o los chicos porque él dice que le gustan las pendejas porque le dicen cosas copadas, les hablan bien de su sexo. Me río. Digo que eso lo decimos todas aunque sea mentira. Las quiere casi vírgenes para que crean que él es el mejor. Le digo que eso es puro machismo. No puedo creer que me lo diga, siempre lo supuse. Este no es para mí.
Un pendejo me baila al lado, una vez lo besé en otra fiesta y otra vez por chat me invitó a un telo, le dije que le faltaba un paso anterior y dijo que estaba cansado de la previa,
-entonces pagame, digo, si no querés previa… en fin, otro que no sirve. 
Si los tipos se dieran cuenta de lo fáciles que somos a veces, pienso. No se dan cuenta nunca, toman por caminos escarpados pensando que son piolas. Decadencia.
Por suerte la caipirinha surte efecto, me río más. Bailo, me copa bailar me sale bien, sé que me miran.
Otro se me sienta al lado, me dice que parezco una adolescente. Comenzó la tarea de seducción. Trato de dejarme seducir pero me da gracia el cliché de artista. Los conozco mucho, igual intento escucharlo sin reirme. Se hace el boludo y me toca las piernas, como sin querer, lo dejo pero no sabe. Me dice alguna que otra cosa linda de mi, no alcanza porque se hace el superado. Tomo otra caipirinha, quizás así sea más fácil. No, no es fácil que un tipo mayor de cuarenta encuentre las palabras exactas capaces de seducir. Los pendejos no dicen nada, no les hace falta, están buenos. Los grandes tienen que laburar. Juro que hice todo lo posible pero cuando empieza a hablarme de las parejas compartidas, el sexo grupal… me aburrí. Si intentás seducirme a mí, -¿de qué me hablás? Igual lo dejé seguir hablando y de vez en cuando le sonreía. Me hacía la linda. Prefiero irme sola es más digno. Total siempre hay algún pendejo dispuesto, a mano. Siempre.

25.8.12

CV


Argentina.
Busco trabajo.
Terminé el secundario en el 80, escuela de monjas llena de hijas de milicos. Me fui de intercambio estudiantil apenas terminé. Enero del 81. Omaha, Nebraska. Mercy High school, ahí fui mejor alumna que acá, pero también era de monjas. Aprendí a hablar muy bien en Inglés y a odiar el catolicismo. La gente era bastante cerrada en Estados Unidos pero en la clase de educación física nos llevaban a un Bowling. Un día me anoté todo lo que decía en la puerta de los baños y con esa lista encaré a mis compañeras para saber qué quería decir, murieron de risa. A partir de entonces me quisieron, y descubrí que la risa era un medio de comunicación y de acercamiento. Dí una conferencia para toda la escuela sobre la Argentina, pero no sabía nada de lo que en realidad pasaba en mi país con el maldito proceso militar, así que fue un desastre en mi opinión, para ellos fue estupenda. Imité a las profesoras como había hecho acá, pero en Inglés. Me premiaron después del viaje, puntuación 100/100 en adaptación.
Empecé a estudiar diseño gráfico en la Escuela Panamericana de Arte y diseño de interiores en la Biblioteca de mujeres mientras trabajaba de asistente dental con una tía. Ese fue mi primer trabajo. En el 84 apenas comenzada la democracia mi mamá me anotó en el Conservatorio de Arte dramático, me gustaba actuar. Después de un mes entero de curso de ingreso en el que había mil quinientos aspirantes solo quedamos docientos cincuenta. Abandoné el diseño gráfico y la decoración de interiores después de dos años de carrera. Me enamoré del teatro. Me presenté a castings para musicales a los que nunca entré. Fui compañera de “Los Macocos”, de los “De la Guarda”. Trabajé de moza para pagarme un aborto en el 85. Volví a trabajar de moza en San Bernardo un verano entero. Trabajé en una casa de regalos. Seguí el conservatorio casi hasta cuarto año porque volvieron los antiguos profesores del proceso y me fui. Seguí haciendo teatro en una escuela de San Telmo donde además era recepcionista.
Ahora busco trabajo.
Hice bolos para la tele. Hice teatro under. Después comenzó mi carrera de baby-sitter, de casualidad. Un día en la casa de una amiga dije que me gustaban los bebés y su madre me escuchó, ella era profesora de gimnasia pre parto, me recomendó dos niños de seis meses y ahí fui sin saber nada de niños. Los primeros miré con atención cómo la mamá le cambiaba los pañales y lo bañaba, se aprende fácil si te gusta. Durante quince años cuidé bebés y niños. Aprendí muchas cosas. Es un trabajo que te hace feliz, jugás y te reís. Para mi era como jugar a las muñecas. El más chiquito tenía una semana y llegué hasta quedarme a vivir en la casa de unos niños cuando sus padres se fueron a Europa. Cuidé a los hijos del productor de HighlanderII, familia en la cuál nadie hablaba castellano, así que además fui su traductora cuando viajamos a las cataratas.
Busco trabajo.
Soy masajista de shiatsu (digitopuntura) con diploma expedido por el japonés.
Cuidé muchísimos niños, tengo fotos de todos. Ahora son mis amigos en Factbook. Me fui a vivir sola a los veintiséis, a Boedo, donde nací. Me llamaron de una agencia de baby-sitters para que trabajara para ellas, terminé enseñándoles. Con esos trabajos me fui dos veces a Europa. Trabajé en un kiosco en el Lawn tennis durante un ATP. Nalbandián me robó un sándwich en una de mis idas al baño, cuando volví se lo estaba comiendo. Dejé de hacer teatro y me dediqué a escribir, hice cantidad de talleres.
Di clases de inglés.
Lo que nunca dejé de hacer fue escribir, siempre lo hice desde los 10 años.  Me ayuda a entender, entenderme. Me junté con un artista plástico que resultó ser padre de mi hija. Ahí dejé de trabajar, quería cuidar a mi propia bebé, amaba eso. Escribí una novela con mis diarios. Se llama “Hecha Polvo”.
Antes me enamoraba fácil, ya no.
Escribí una miniserie en el 2005 “Perra” se llamaba, vendimos el libro a Fox Europa pero Suar, que había leído el primer capítulo, se la copió e hizo “Malparida”.
Busco trabajo.
Tengo experiencia en atención al público, fui operadora de emergencias en una prepaga. Fui recepcionista en una escuela de cine. Secretaria y recepcionista en Planeta Juego donde también hacía suplencia de las maestras jardineras. Fui ambientadota del vip en otro ATP del Lawn tennis.
Vendí ropa interior por catálogo.
Me separé hace nueve o diez años.
Busco trabajo.
Si querés cogemos.
Desempleada no pertenecés. Estás afuera del sistema. Stand by. No tenés tema. No te pasa nada. Sos nada.
Limpio mi casa, la pinto, la ordeno, lavo la ropa. Vivo con mi hija. Fui presidenta de la cooperadora de su escuela durante casi dos años.  Dirigí una obra de teatro con los padres. Anoche volví a cuidar un bebé después de mucho tiempo, pensé que no me acordaría, pero es como andar en bicicleta…
Soy proactiva. Simpática. Tengo óptimas referencia, comprobables.
Me gusta trabajar con chicos, adolescentes, me entiendo bien con ellos, salvo con mi hija, pero ese es otro tema.
Busco trabajo. Necesito trabajo. Si sabés de algo…

13.5.12

No te quiero romper el corazòn


El tiene miedo de que me enamore y yo justamente temo no enamorarme.

-No quiero romperte el corazón, –dice.
Y justo es esa frase la que rompe, no el corazón, el viaje, el encanto, el juego.

Sin riesgo no hay adrenalina, el peligro de poner el corazón es lo que da valor a lo que hago, a lo que siento.
¿De qué sirve relacionarse con alguien poniendo solamente el cuerpo? Sin alma, sin jugarme el cuore. Eso ya lo hice y me aburre. Yo sé jugar de verdad, "la histérica" no es lo mío.
Si solo se trata de poner el cuerpo me quedo sola y me masturbo, es siempre más económico. Nada que perder.


Nunca sé lo que puede pasar, es lo que me gusta de este juego.

Cuando no hay riesgo solo hay tibieza…
Cada vez sé más lo que quiero, el problema es que no hay en el mercado.

No quieran conocerme, no soy mejor que lo que escribo, solo soy una mujer, acá estoy solo para escribir, no quiero conocer a nadie.
Estoy un poco harta los que se enamoran de la intensidad de mis personajes y se asustan de lo intenso de mí.
Es así, soy intensa, no te acerques demasiado porque si me enamoro puedo ser yo quién te rompa el corazón a vos.

El amor no es para cobardes.
No quiero ser tu amiga, solo quiero ser tu amante.
Las amantes siempre somos putas copadas, pero a diferencia de lo que creen ellos no nos bancamos cualquiera.
Las cosas no siempre son lo que parecen.

12.5.12

Manuel

 hace un tiempo atrás me escribía esto:

estamos en la cama. traés las porciones de torta que compraste a la salida del cine. prendo la tele y empezamos a charlar sobre lo que vemos mientras la torta empieza a desaparecer con cada cucharada. en much music, están pasando un especial del quilmes rock. divididos tocando. me decís que te gusta mollo. me gusta como lo decís. con la frescura que lo decís. me copa que te guste mollo, cuando tan solo estamos en bolas, en la cama, mirando tele y comiendo torta. ahí se convalida todo y cada uno de los recovecos está porque tiene que estar. las mariposas, los huracanes...

7.3.12

amante de 25 (cap 4)


Tengo su celu y su mail, quedo fascinada con la performance de Marianito.
Amante, porque me ama por un rato, porque solamente nos conocimos para hacer el amor, o el sexo, que me lleva a lo mismo.
Amante es la mejor palabra, habla de amor sin otro compromiso más que amarse por un rato, alguna gente le da un significado peyorativo, mi teoría es que esas son historias de tres, pero los protagonistas son siempre dos.
Los amantes se cuidan, se respetan, tienen códigos secretos. No son amigos.
Jueves 22hs, estoy sola en casa, mando sms
Yo: hola
Él: hola cómo estás?
Yo: bien, vos?
Él: te mando una invitación para chatear x google talk
Otra vez en la PC, viene invitación, me bajo el programita, y ahí está otra vez, chateamos, le cuento que estoy sola y se invita a venir, me encanta. Y me encantaría tener 23, aunque seguro que si así fuera esto esto no estaría sucediendo. Dice que no puede con las de su edad, que son histéricas y los de mi edad están fóbicos o separados y deprimidos o casados.
Me pongo feliz, me cambio, me pinto un poco, me perfumo. Me encanta esperar que venga y canto.
Cuando lo veo en la puerta con la mochila me doy cuenta, no me acordaba de su cara. Es lindo. Yo también sonrío.
Esta vez nos vamos directo a mi habitación, con la música, agua fría, cigarrillos, todo lo necesario para no salir.
Nueva función de sexo a la carta!
–¿Qué querés? Lo que pidas.
Dice que se siente en una porno conmigo, que estoy mas linda que la otra vez. Yo opino que es porque ahora me gusta, cuando lo conocí no sabía si iba a funcionar, que siempre es cada vez mejor.
Suenan Soda, Trainspoting, The Clash, sonamos nosotros. No dejamos de hacer música con el cuerpo.
Dice que quiere que estemos un dia entero juntos con tiempo, y hacernos masajes, que me arregla la PC, tomar vino, el sábado.
–¿Dormimos un poco?
A la mañana le hago el desayuno mientras se baña. Se va a trabajar.
Nos amamos. Aunque sea solo sexo.
Por eso me gusta.






Continuará…

1.12.11

Hombre vertiente


Ayer fuimos con mi hija a ver “Hombre vertiente”.
Me emociona siempre ver espectáculos de gente que fueron mis compañeros de teatro.
Pero este es especial, porque no es teatro que te sentás y mirás. Es teatro que puede tocarte.
Me acuerdo que Pichón era diferente en el conservatorio, capaz todos éramos diferentes pero a él se le notaba que lo que quería era otra cosa.
El primer espectáculo que ví de ellos fue UORC. Cemento 1986 o 87. Me daba miedo ir, pasaron muchas funciones hasta que me animé, y fui porque él me dejó verlo desde la cabina del DJ. A partir de ese día fui a todas las funciones siguientes. Hasta a la filmación de la película, una noche de mucho frío.
Después de tantos años volver a dejar que me toque el teatro me da mucha felicidad y compartirla con mi hija más. Una vez adentro me agarraba la mano, tenía miedo como yo en la primera función de UORC. Hombre vertiente es como meterte en el sueño de otra persona y que te despierte la lluvia en la cara, y volver a soñar. Estoy segura de que no va a olvidarse de este día. Terminamos bailando juntas mojadas entre la gente Aunque como buena adolescente le de vergüenza su madre.


16.10.11

me hicieron este regalo para el día de la madre!



                                                       GRACIAS HIJITUS TE AMO!

23.7.11

Duele


(solo una idea escrita en el subte línea D, entre Tribunales y Congreso de Tucumán)


Bancarse el dolor sin vergüenza, olerlo, sentirlo, conocerlo, tocarlo, hacerse cargo.
La mayoría de la gente tiene vergüenza del dolor, se esconde, se tapa.
Se lo calma con analgésicos, con curitas, con cerveza, con ansiolíticos, estamos tan acostumbrados a evadirlo.
Aunque el dolor sea solo un síntoma siempre, de otra cosa.
Hablar del dolor, escucharlo, nos hace más sabios. Cuando algo duele, es que pasa algo.
La gente cree y confía en la medicina como si fuera una religión, hasta la “prepagan” como un diezmo para tener un mejor lugar en los “hoteles de enfermos” el día que lo necesiten, como en el cielo.
En una época me dediqué a hacer digitopuntura, Shiatsu.
Una vez una amiga me pidió que le hiciera un masaje a un amigo que estaba internado en el Muñiz, casi en las últimas con HIV, veintipico de años. Al tocar su cuerpo mis manos supieron solas que la muerte estaba cerca, su cuerpo fue el primero y el único de los que toqué que tenía una blandura de almohada, una blandura que nunca volví a sentir, entonces aprendí que la tensión es la vida misma.
Que el dolor solo es parte de algo vital, y siendo solo el síntoma de algo, nos enseña sobre nosotros, si lo dejamos libre, sin taparlo. Sentirlo nos hace pensar, nos enseña, si solamente lo calmamos con una pastilla aparecerá otro síntoma diferente hasta que un día nos demos cuenta o nos enfermemos de algo incurable.

28.3.11

Clarín salió con la tapa en blanco.

Por suerte hoy Clarín salió con la tapa en blanco. Hago tiempo en el bar "Manhattan" de Cabildo y La Pampa. Salón fumador. Apenas me siento se me acerca un tipo, de ojos celestes, rubión pero pelado. Andará por los cincuenta. Me sorprende, pensé que venía a pedirme fuego. Me pregunta mirándome a los ojos si soy Graciela, le digo que no y se va disculpándose. Sigue esperando a su cita a ciegas, fumando y mirando por la ventana. Y yo sin un cuaderno para ponerme a escribir... Me pongo a pensar en la época en la que iba a este tipo de citas. Me rio sola. Pobre tipo, me da pena. Está bueno el salón fumador de este bar. Es arriba, todo vidriado, tiene wifi y Tv. Generalmente está en TN, salvo que haya algún partido de algo. Yo hago tiempo, mi hija está en Inglés y la verdad es que no quiero volver a casa para venir otra vez a buscarla. Estamos aprendiendo las dos a que venga sola. A mi también me da miedo aunque esté por cumplir doce porque ella no se anima. Venimos en el subte juntas, la espero acá y volvemos juntas. hasta que esté segura para hacerlo sola. Hoy ya fui a una feria americana donde me compré unas botas rojas de cuero por treinta pesos. Pasé por una peluquería. Me cortó un pelado de túnica por veinticinco pesos. Ahora acá. Miro la esquina. Un hormiguero de gente. No tengo laptop, nunca tuve blackberry. No traje ni libro ni cuaderno porque la acompañé al subte pensando que hoy se animba y venía sola. Por suerte traje los anteojos. El tipo que me confundió con su cita pide la cuenta y se va, parece que lo plantaron. Nunca hay mucha gente acá. Es bastante silencioso aunque esté situado en esta esquina loca de Belgrano. Qué bueno que traje la lapicera. Y que suerte que el Clarín salió con la tapa en blanco, sino no tendría donde escribir todo esto.